11 - En las olas inmensas


En las olas inmensas de embravecido mar
que asaltan de mi alma la pobre embarcación,
de rodillas a Cristo clamé, y el huracán
deshecho fue al instante a la voz de Dios.

Es Cristo la Roca, el ancla de mi fe:
los males, lamentos y ayes de temor
terminan por siempre con mi supremo Rey.
¡Es Jesucristo mi refugio!

Me guarda de peligros, de pruebas, de dolor:
Él manda que los vientos no agiten tempestad.
Los mares se detienen, la ola reposó,
y en Cristo fijo el ancla confiando más.

Mi dulce Salvador, sí, mi hermoso Amigo y Rey
que libra de tristezas y aleja amarga hiel;
por fe yo iré al cielo, mansión del Ser de amor,
la fuente inagotable de dicha y bien.

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