El amigo del novio

Juan 3:22-30  Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba.
Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque Juan no había sido aún encarcelado.
Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.
El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.

¿Alguna vez has sido el amigo del novio o la amiga de la novia? En España le llamamos padrino o madrina. Es una experiencia muy emotiva y divertida. La última vez mi mujer y yo lo fuimos con Victor y Mary. Les doy las gracias por habernos elegido,

Es un honor ser designado por alguien para este cometido, le hace a uno sentirse importante para otro. Sin embargo el imprescindible en la boda es el novio, no el amigo del novio. Aunque a veces en algunas bodas, algunos padrinos quieren ser más protagonistas que el mismo novio.

Juan el bautista se compara a sí mismo en este relato como el amigo del novio, claro el novio, el protagonista, es Jesús.

Ser segundo en la vida es algo que puede ser visto como un honor o como una deshonra. Algunos en el deporte lo ven como un fracaso y es que hay gente muy competitiva, otros lo ven como un logro importante porque sólo compiten contra sus propias debilidades.

Juan había sido elegido por Dios para ser segundo desde su misma concepción.

Luc 1:76  Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos;

Juan lo aceptó como un honor y lo cumplio con mucha alegría, resultó una herramienta magnífica en las manos de Dios,

Entendió desde el principio que se trataba de un trabajo y una responsabilidad, tendría que renunciar a una vida ordinaria asumiendo incomodidades y riesgos, incluso perder la vida.

Luc 7:25  Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.
Mar 1:6  Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.

Llegados aquí siempre se aclara que se trataba de langosta insecto no langosta marisco.

La del profeta no es una vida cómoda. Esta misión aceptada por Juan y vivida con total compromiso y consecuencia le llevó a gozar de un papel preponderante como servidor del pueblo. Le llamaban Rabí, muchos le escuchaban y seguían.

Marcos 1:4-5 Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. Y acudía a él toda la región de Judea, y toda la gente de Jerusalén, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.
Mateo 3:5-6 Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región alrededor del Jordán; y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán.

Esta capacidad de influencia sobre el pueblo no le hizo perder su objetivo. Siguió anunciando la palabra y llamando a todos al arrepentimiento, utilizando el bautismo como emblema de ese arrepentimiento. Su misión era muy definida: Preparar el camino.

Aprovechemos para recordar que para hacer efectivo el regalo divino del perdón es necesario el arrepentimiento, podemos dialogar durante horas y horas sobre cómo actuar delante de Dios, qué hacer, cómo entender las escrituras, pero es necesario antes que todo arrepentirnos de la maldad, de permitir que Satanás nos controle, esto es lo que escenificaba Juan con su bautismo, Jesús refuerza esta enseñanza acercándose a Juan y pidiendo ser bautizado, aunque Él no tenía nada de qué arrepentirse. De alguna manera nos indica que si el que no lo necesita lo hace ¡Cuánto más nosotros!

¿Sabemos que es la maldad?

Juan no trató nunca de ser más de lo que había sido designado por Dios, dicho en nuestra jerga, no se le subió a la cabeza nada.

En la escena de la boda es muy expresivo el desfile. El padrino entra del brazo de la novia, centro de todas las miradas, un padrino debe estar muy elegante, para no desdecir el brillo de la novia, pero… Al llegar al frente, cuando llega el novio se aparta y le cede el paso. Ocupando entonces un lugar en el que debe pasar absolutamente inadvertido.

Juan fue fiel en lo poco y el Señor le puso en lo más alto. La palabra le menciona de una forma muy especial:

Mat 11:11  De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

No tengo la osadía de pensar que alguna vez pudiera escuchar sobre mi palabras ni parecidas a estas, pero si que el Señor podría decir de cada uno de nosotros, “Buen siervo y fiel sobre poco has sido fiel”

Ser miembro del “equipo de Jesús” es un privilegio tan grande que debería hacer que nuestras piernas temblaran, sea cual sea el lugar que ocupemos, aunque sea el que se acaba de incorporar, el más novato, Él no se deja a nadie fuera.

Terminamos hoy con una enseñanza directa del Nuevo Testamento. Que Dios os bendiga.

Romanos 12:1-3 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.