La Paciencia 2

Proverbios 14:29 El que tarda en airarse es grande de entendimiento; Más el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad.

“Si eres paciente en un día de ira superarás cien de tristeza”

Esta frase la he leído preparando este tema y no he conseguido averiguar su autor, me hubiera encantado, es muy buena, supongo que no le importará que la use.

Ser paciente no es ser cobarde, ya lo hemos dicho, pero hay muchas ocasiones en que debemos esperar cuando ha surgido el enfado y está a punto de surgir la ira descontrolada, porque la paciencia es la virtud de los corazones tranquilos, hagamos un esfuerzo para entender el valor de la frase que hemos dicho “ser prudente en un día de ira nos evita cien de tristeza”.

La rabia, que se puede considerar hija de la ira descontrolada no sirve para resolver nada y además produce efectos secundarios muy negativos incluso a largo plazo

En muchas ocasiones nos podemos encontrar en situaciones que nos ponen a prueba, pero perder la paciencia además de que no conduce a nada nos puede hacer perder muchas cosas logradas con esfuerzo.

La paciencia, como decíamos, parece asociarse a la pasividad, a quien es incapaz de reaccionar. No debemos verlo así. El silencio paciente que es sabio, que no agrede, permite calmar a la mente para actuar con mayor eficacia.

Proverbios 16:32 Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
Salmos 37:7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.

El enfado no expresado nos enferma, pero el enojo que estalla en rabia y agresión también ocasiona víctimas. Sé paciente, calma tu mente y defiéndete sin agredir. Sé sabio aprende a mantenerte sosegado.

Éxodo 14:14 Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

Lo hizo en tiempos históricos con los egipcios y lo puede seguir haciendo en gestas más sencillas y cotidianas.

Ante una situación complicada tipo hay varias opciones:

Podemos tragarnos el conflicto y hacer como si nada hubiera pasado; esconder el enfado y la frustración no es saludable puede convertirlo en crónico, generando amargura y prejuicios contra las personas implicadas, en el otro extremo permitir la ira desbocada y la rabia puede destruir la relación y el amor.

1ª Corintios 13:4-5 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.

El psiquiatra Richard Friedman, afirma que la ira puede mostrarse también como resultado de una depresión encubierta. Mirémonos hacia dentro si caemos con mucha frecuencia en la impaciencia.

Un enfado que no se controla, que no se razona o se gestiona de forma adecuada puede derivar en frustración y malestar. El enfado no se puede esconder ni debe derivar en un ataque de rabia. Hay que desmenuzarlo entenderlo y canalizarlo de forma adecuada para que no asfixie, para que no hiera ni busque víctimas sobre las que proyectar el enojo. A veces esta impaciencia se pone de manifiesto con un descontrol de la palabra. Tengo muchos reparos con la frase “No tengo pelos en la lengua, digo todo lo que pienso” Está bien decir lo que se piensa si en efecto se ha pensado, es decir, no es fruto de un calentón ¿Lo que hemos dicho lo hemos pensado lo suficiente?

Pro 25:15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe, y la lengua blanda quebranta los huesos.

Me cuesta mucho creer a quien me dice que no se enfada nunca, prefiero tratar con quien reconoce los enfados pero usa la paciencia para no permitir que dicho enfado active la rabia, o el menosprecio del otro. Creo que esto tiene que ver con lo que quería enseñar Jesús respecto a llamar necio al hermano.

Cuando pensamos en personajes bíblicos que ejercitaron la paciencia pensamos en Job pero ¿Que os parece José?

José tenía la preferencia de su padre frente a los hermanos que parece que no tenían muy buen comportamiento.

Gén 37:2  Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.

Esto despertó el odio y la envidia de los hermanos que además se vio aumentado al escuchar los sueños de las espigas y las estrellas.

Gén 37:11  Y sus hermanos le tenían envidia, más su padre meditaba en esto.

Pasó lo que se esperaba:

Gén 37:18  Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle.
Gén 37:28  Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

Pero los sueños indicaban otro desenlace. José tuvo paciencia, pasó el tiempo y muchas historias que os recomiendo estudiar desde este punto de vista.  Cuando tuvo oportunidad de venganza no lo hizo. José tuvo paciencia y pudo ver el resultado de la voluntad de Dios en su vida. Terminemos la lección con la lectura de esta parte de la historia que nos enseña mucho mejor que todo lo dicho.

Gen 45:1-8 No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.  Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.   Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.  Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto.  Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros.  Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega.  Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.  Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto.

Espero que lo expuesto en estas dos sesiones y sobre todo a la vista de lo que vivió José nos haga entender que cuando nos encontramos en situaciones complicadas no debemos pensar que Dios nos ha olvidado, que no tiene ningún interés en nosotros o que la vida está en nuestra contra. Sabemos que El Señor viene pronto pero en épocas de dificultad se pone de moda el discurso dantesco y catastrofista, no sabemos el día ni la hora en que volverá y puede ser en cualquier momento pero, el tiempo que nos concede hasta su vuelta es para esperar con paciencia y dar a los demás su mensaje de amor y esperanza.

Necesitamos paciencia para esperar al Señor y también necesitamos paciencia Don del Espíritu Santo para compartir ese tiempo con los que nos rodean, aunque no siempre nos gusten. Necesitamos paciencia para pasar situaciones como las que estamos viviendo y encontrar la voluntad de Dios, Él siempre actúa en el momento preciso, nosotros podemos ser impuntuales, impertinentes, agotar la paciencia a los demás… Dios no, confía en Él.

Dios os bendiga.