La Santa Cena 1

Creo que es innecesario hablar de lo extraño de la situación que estamos viviendo. Llevamos muchas semanas sin poder disfrutar de una relación normal como iglesia, asumiendo las dificultades y esforzándonos para remediar aquello que es posible.

Algunas cosas las hemos podido aliviar en cierta medida, por ejemplo, esta escuela dominical, aprovecho la ocasión para recordaros una vez más la posibilidad de realizar estos estudios en el aula virtual en cualquier momento, incluso los anteriores si no pudisteis hacerlo en directo.

Hay una celebración que no hemos podido realizar por su propio funcionamiento: La Santa Cena. No hemos podido celebrarla de momento, no se puede transmitir una comida en común.

Vamos a tratar de reflexionar sobre esto durante algunas sesiones para, al menos, no olvidar y quizás entender mejor sus beneficios, precisamente por no tenerlos a nuestro alcance.

En primer lugar, sería bueno saber en que no debemos pensar, la procedencia religiosa de muchos de nosotros nos puede llevar a confusiones o malas interpretaciones.

El pan y el vino, a nuestro modo de ver y a la luz de la palabra son símbolos. No hemos perdido ningún beneficio esotérico o ritual por no poder acercarnos a ellos. No podemos creer que el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, esto es transubstanciación. Tampoco podemos creer que el cuerpo y la sangre de Jesús están presentes en el pan y en el jugo de la vid en el momento de la celebración (consubstanciación). Descartamos también que, en el momento de la celebración, Dios está proporcionando alguna gracia especial o espiritual que sea recibida por el participante por el mero hecho de repetirlo. Cristo murió una sola vez

Hebreos 9 del 23 al 28

Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.

De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

Hebreos 9 del 23 al 28

Para nosotros, se trata de una ceremonia conmemorativa, una proclamación de la muerte y la segunda venida de Cristo.

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Así mismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

1ª Corintios 11 del 23 al 26.

Llegados a este punto y después de recordar estos rudimentos, creo que tenemos claro que se trata de un símbolo vinculado a la historia de liberación del pueblo, y que nosotros debemos dotar de significado personal y comunitario buscando al Señor en esos preciosos momentos. Encontramos el relato, como conocemos bien, en el libro del Éxodo, cuando después de 9 avisos al Faraón opresor, Dios culminó con la temible plaga de la muerte de los primogénitos, algo parecido a lo que Egipto había hecho años antes con Israel y del que Moisés había sido liberado. Era la décima plaga, la manifestación del poder perfecto de Dios. ¡Dios no avisa eternamente, su voluntad perfecta siempre se cumple! No es casual que fueran 10 plagas. El número de los mandamientos y de otras muchas cosas.

Como bien conocemos esa noche los que pintaron sus puertas con la sangre del cordero sacrificado fueron protegidos por Dios.

Jesús celebraba la Pascua como un judío más, le vemos de niño acompañando a sus padres.

Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua; y cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta.

Lucas 2: 41 y 42

Durante su ministerio participó de tres Pascuas, tres años.

Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén,

Juan 2: 13

Y en la última, Él es ofrecido como el Cordero de Dios.

Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Juan 13:1 

Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,  y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

1ª de Pedro del 7 al 21

En este último fragmento podemos entender una gran parte del valor simbólico de tan preciosa celebración, las reflexiones que podríamos hacer para tratar de recordar y actualizar los beneficios de la santa cena en tiempos de privación podrían ser:

¿Nos sentimos peregrinos? ¿Desde dónde y hacia dónde?

¿Quién o qué es nuestro Egipto? ¿De dónde nos sacó el Señor?

¿Quién es el Faraón que nos oprimió y esclavizó y desea seguir haciéndolo? Nos persigue con sus “carros” y tendrá el mismo final bajo el poder de la plenitud de Dios, ¿Sólo es un cantico alegre para nosotros?

Si nos hacemos estas preguntas, busquemos respuestas significativas en nuestras vidas, digo significativas, reales, no sólo las aprendidas de memoria. Debemos hacer recuerdo de estas cosas constantemente, por eso repetimos la Santa Cena con cierta frecuencia. Y si no la podemos celebrar físicamente si lo podemos hacer en nuestra relación diaria con el Señor.

Si los actos que forman nuestro culto, si en nuestra adoración nos acostumbramos a usar nuestra mente, tal y como enseña la palabra, ahora podremos paliar en cierta medida la ausencia de la parte física del símbolo, haciendo el ejercicio mental. Si nunca lo hemos hecho, tenemos ahora la oportunidad, por ejemplo, la próxima vez que partas el pan a la mesa con los tuyos, y si no tienes oportunidad de comer en compañía trae a algún hermano a tu memoria, trae a tu memoria a aquel que nos dijo que al partir el pan nos acordáramos de Él.

Bendiciones.