Pactos 2

Hoy vemos la segunda parte de nuestro estudio sobre los pactos de Dios. Creo que está resultando interesante y útil. Reflexionar sobre los pactos nos está haciendo darnos cuenta una vez más de que Dios es fiel y los hombres no, por otra parte, no debemos caer en la trampa de crear una teología de los pactos, cada uno de ellos, como cada uno de los relatos que encontramos en la palabra son ventanas independientes que nos arrojan luz sobre la totalidad de la Obra de Dios, podemos hacernos preguntas sobre el significado de cada uno de los términos de los pactos, y sobre que aportan a nuestra visión del misterio de Cristo.

Vimos Pacto con Adán, pacto con Noe y pacto con Abraham.

Seguimos viendo, pacto con Israel:

Por parte del pueblo el representante fue Moisés.

Como los demás, este pacto está arraigado en la Gracia de Dios, para la reconciliación espiritual con Él, insiste en la misma actitud de fe manifestada en obediencia de todo corazón, mantiene la consecuencia de una descendencia santa y como meta final una bendición universal

En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí. Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:  Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.  Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Éxodo 19:1-6

En el centro del pacto se encuentra el decálogo, Aunque se trata de un texto largo conviene recordarlo completo.

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:

Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

No tendrás dioses ajenos delante de mí.

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Éxodo 20 del 1 al 17

Estas diez palabras son la pieza esencial de este pacto, y como todos sabemos del resto del desarrollo jurídico y legal del pueblo de Israel. En muchos lugares de la escritura aparece el termino la Ley refiriéndose en ocasiones a todo el conjunto legal del pueblo, en otras ocasiones a todo el Pentateuco. Estas estipulaciones llegan a desarrollarse hasta convertirse en la constitución de la nación, pero es preciso recordar que son solo las diez palabras del decálogo las que aparecen en el relato como mencionadas directamente por Dios.

Una vez más casi instantáneamente el pueblo incumple el pacto cuando ni siquiera lo había recibido

Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Éxodo 32:7-8 

¡Qué hará Dios con el hombre! Una y otra vez la historia se repite.

También se estableció el simbolismo de los sacrificios como precursores de lo que llegaría a ser la obra redentora del Cristo.

Antes de llegar en el tiempo al Nuevo pacto podemos ver el pacto davídico.

En el pacto con David Dios establece en el pueblo el concepto de reino, David dice a Natán que ha llegado el momento de construir casa para Dios, Él no se lo ha pedido pero consiente en que su hijo le edificará casa y establece la Dinastía que, en definitiva será mesiánica

Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.

2º de Samuel 7 del 12 al 14

El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres;

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.  Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.  Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Lucas 1 del 30 al 32 

Una vez más vemos la esencia de la obediencia y la promesa de la bendición.

El pacto viejo y el nuevo

Ya hemos visto que los pactos son de gracia no vemos que caduquen, sino que se incorporan en el Nuevo Pacto, fundamento y meta de todas las garantías que Dios otorga al hombre. El Maestro dijo: “Tomad, comed esto es mi cuerpo. Y tomando la copa y habiendo dado gracias la dio a ellos diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

¿Qué, pues, es lo que desaparece según (He 8:13),

Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

Hebreos 8:13 

En el mismo fragmento se indica que lo que se desvanece es el compromiso humano del pacto sinaítico. La parte de aquel pacto que continúa y renueva el abrahámico no se esfuma, pero el esfuerzo de los legalistas desaparece, porque no pasa de ser las obras muertas de la carne (He 9:14). La única relación entre Dios y el hombre está cimentada ahora sobre la redención de Cristo, ya ordenada desde antes de la creación del mundo.

Nuestra parte en este nuevo pacto consiste en permitir que el Espíritu Santo haga en nuestras vidas lo que se explica con toda claridad en Hebreos 8 lo que ya profetizó Jeremías y que está reflejado en el capítulo 31 como pudimos leer.

Busquemos la obra del Espíritu Santo para no caer en alguna de las trampas de Satanás con respecto a este asunto, huyamos del legalismo pero no caigamos en la permisividad, seamos dignos de este nuevo pacto.

Dios nos bendiga