Nº 1388– 16 de Enero de 2011

El problema del “yo” es que está construido en base a las expectativas de los otros. Por eso es sumamente fácil manipular a las personas egoístas. A más egoístas, más fáciles de manipular, de llevar por donde el manipulador quiera.

De ahí que haya tanta adulación en este sociedad nuestra, donde todos sabemos que lo más abundante es la mentira y la hipocresía, tanto personal como institucionalizada.

Todos sabemos que sólo hay falsedad en la adulación hacia los reyes, gobernantes y todas las demás personas en eminencia. Pero esa es la “rueda catalina”, el artificio pirotécnico que gira y gira e ilumina el cielo de las noches estivales de las fiestas de los pueblos.

Los adulados saben perfectamente que no son los hombres más sabios ni mejores del mundo, pero llegará el día en que se lo creerán. A partir de ese momento procurarán mantener su creencia y harán todo cuanto los aduladores les pidan que hagan. Ese es el juego en el que Jesús de Nazaret no permitió que nadie le introdujera, a pesar de que muchos lo procuraron enconadamente.

Cuando nuestro “ego” pasa a ser posesión de los demás, estamos perdidos. Esta es la esclavitud más perniciosa de cuantas han sido inventadas por los religiosos de la antigüedad y los políticos de nuestros días. Es como una especie de electrodo finísimo, de dimensiones menores a las capilares, insertado en nuestra cabeza y en nuestro corazón y manipulado a distancia.

Asegurémonos de estar libres de estas interferencias que pueden controlarnos de la manera más vergonzosa. Recordemos que Jesús nos ha prometido hacernos libres.

Nuestro Señor no aceptaría el premio Nobel con aroma a dinamita. Tampoco, como nos dice en el Evangelio, está dispuesto a recibir gloria de los hombres, por cuanto Él sabe que a cambio de los premios, galardones, elogios, prebendas, reconocimientos, doctorados honoris causa y demás, todos están dispuestos a dejarse manipular y hacer cualquier cosa.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.