Nº 1428- 23 de Octubre de 2011

Publicado por admin5122 en

Los modelos geométricos nos ayudan a comprender muchas cosas difíciles, cuando no imposibles, de expresar por medio de las palabras. Y si no llegamos a comprenderlas plenamente, al menos podremos realizar una aproximación enriquecedora.

El círculo es una de las figuras que nos asisten en la comprensión de muchas cosas. Recordemos lo que nos dice la Sagrada Escritura en Isaías 40:22:

“El Eterno está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar.”

Todo se mueve en círculo. Por eso la humanidad experimenta su mayor desarrollo a partir del descubrimiento de la rueda. Las estaciones, los meses del año, las estrellas, la vida del hombre, todo, absolutamente se mueve en círculo, por cuanto éste es la vía por excelencia  de toda la naturaleza.

La línea no existe en el cosmos. La curvatura del círculo, desde el más pequeño hasta el de mayor inmensidad, demuestra que la línea no se da en la naturaleza, ni siquiera en la transmisión de la luz. Y toda línea es siempre parte de un círculo mayor.

Todo es circular, como el recorrido de nuestro planeta en torno a su estrella madre; como el giro de la tierra sobre su propio eje; como los átomos y todo el cosmos observable.

Todo es circular, como el amor, que no tiene principio ni fin, y por eso lo representamos con un anillo que curiosamente en castellano denominamos “alianza”. Y, como dijeron los sabios antiguos del Talmud, “Dios hizo este mundo redondo para que nadie pueda decir que su rincón es mejor que el de los demás.”

Por eso es que Dios lleva a todo círculo a convertirse en espiral que vuelve al punto de partida una y otra vez, pero nunca al mismo plano, sino que va elevándose cada vez más. Si hemos ascendido por un sendero que rodee una montaña, sabremos lo que queremos decir.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.

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Categorías: Año 2011