Nº 1432- 4 de Diciembre de 2011

Publicado por admin5122 en

Para la teología de la dominación, hacerse “dueños de la tierra” para trabajarla es un pecado imperdonable para los empobrecidos, pero ser “señores de la tierra” sólo un derecho para los poderosos. Estos últimos son los que tienen todas las garantías para expropiar la tierra a los nativos en otros continentes, como la banca hoy expropia los pisitos –nichos anticipados- de los trabajadores españoles y residentes que los han intentado comprar con el dinero que los banqueros les han prestado a rédito increíblemente elevado, de auténtica usura garantizada por el estado. Y como son muchos los que no han podido pagar sus plazos hipotecarios, el estado, el que nos dicen que “somos todos”, tenemos ahora que inyectar a la banca privada nuestro dinero, ahorrado y supuestamente custodiado por nuestro papá estado. Lo mismo podemos decir respecto a quienes se creen autorizados para destruir la naturaleza, los bosques, los ríos, contaminar el aire y desequilibrar el planeta. Yo no me he atrevido a explicarles esto a mis hijos, por si se volvían radicales. ¿Y tú, hermano? Vale, nos entendemos.

Hace no tantos años se presentaba la esclavitud como derecho natural por mandato divino. El esclavista era como la encarnación de Dios para que el pueblo se ganara el pan con el sudor de su frente, mientras sus explotadores lo hacían con el sudor del de enfrente. En los días todavía cercanos en que Roma estaba conchabada con el fascismo de Mussolini, mandaban a la gente a no votar, para no abrir cauces a la democracia. Dios era supuestamente “apolítico”, como nos enseñaron nuestros padres a decir que éramos durante el franquismo. Lo mismo promueven las sectas religiosas financiadas hoy por fuentes de extraña factura y más extraños propósitos.

Cuando la apertura hacia la democracia resultó ya inevitable, porque el capital sabía que el fascismo ya no vendía, Roma llamó a votar masivamente a sus partidos vaticanistas, denominados “social-cristianos” y “demócrata-cristianos”. Así aparecieron en España partidos que hoy los nietos de sus fundadores han adaptado a la situación reinante, procurando que no aparezca ninguna mención a adscripción religiosa. Eso es lo que hay. Pero Dios sigue siendo amor.

Mucho amor.         Joaquín Yebra, pastor.

 

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Categorías: Año 2011