Nº 1.688 – 6 de Noviembre de 2016

Nadie puede vivir sin compañía. Y en la compañía es donde descubrimos que compañía y amor son siempre inseparables.

Nacer es entrar en el camino del amor. Cualquier otro paso que demos será siempre equivocado.

Pero la vida en compañía, la vida con los demás, tiene sus exigencias.  Y tales requerimientos son Fidelidad, Verdad y Libertad.

Fidelidad para crecer en la confianza y en la credibilidad mutua y recíproca; verdad, porque el amor no puede sobrevivir en medio de la mentira. Y libertad porque el amor es siempre un ejercicio de elección personal.

Solamente dentro de ese marco puede tener sentido la compañía como compromiso. Cualquier otro marco conducirá necesariamente a la manipulación de las conciencias.

No hallaremos jamás un ejemplo de la vida dentro de ese marco que supere a la vida de Jesús de Nazaret.

Nuestra vida es un viaje hacia la eternidad, un peregrinar hacia la Casa del Padre, donde Jesucristo ha ido a preparar lugar para nosotros.

En la Casa del Padre hay muchas moradas. Allí es donde Cristo Jesús prepara lugar, hasta el día en que vuelva en poder y gran gloria a buscar a quienes le amamos, porque Él nos amó primero; quienes le esperamos andando en sus mandamientos por la fe y la esperan que de su parte hemos recibido por gracia.

La vida del cristiano es el camino hacia el encuentro con Dios y la realización de la plena condición humana, liberados del pecado que nos asedia, puesta la mirada en Jesucristo nuestro Redentor.

No olvidemos llevar nuestro pasaporte con nosotros camino al encuentro con el Amado. Y recordemos que ese pasaporte nos lo dan nuestros hermanos necesitados, y lo avala Jesucristo con su sangre preciosa.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.