Nº 1.866 – 5 de Abril de 2020

La vida nunca se pierde si se utiliza en la causa de Cristo.  La vida nunca se malgastará en el servicio integral a nuestro Maestro.  La vida nunca será un despilfarro si seguimos al Señor por donde quiera que Él va.  La vida no carecerá de sentido pleno si la vivimos en obediencia a los mandamientos de Dios.  La vida merecerá siempre ser vivida si nuestro hambre y sed de justicia, lejos de apagarse, se aumenta cada día más.  La vida merece ser vivida si toda ella es verdad y no tiene nada de hipocresía.  La vida es un viaje alucinante si la vivimos junto a otros compartiéndola cada vez más y cada vez con más.  La vida es ganada si la invertimos en los otros, nuestros compañeros de viaje.  La vida es vida si es social, si es amistosa con todos y en amistad con los que se dejan.  La vida puede parecernos larga o corta, pero será espléndida si somos espléndidos.  La vida puede tener fin aquí y ahora, pero tiene promesa en Cristo de Vida Eterna.  La vida puede ser muy aburrida, o muy divertida, pero nosotros decidiremos si será una gran aventura.  La vida puede ser vacía y llena de cosas sin ninguna importancia o llena de utilidad y sentido para todos los que nos conozcan.  La vida puede ser en un club exclusivo o en una comunidad cada vez más amplia.  La vida pueden ser los placeres y las comodidades y los cachivaches, o las personas a las que amo y con las que disfruto si ellas también disfrutan.  La vida puede ser la búsqueda de mi felicidad, pero sin importarme un bledo el producir felicidad en otros… decididamente, eso no es vida.  La vida puede ser una ausencia de sacrificio y que el sacrificio siempre lo hagan otros… eso tampoco es vida.  La vida puede ser un victimismo constante para ser mimado sin reparar en el daño crónico que le hago a mis hijos, si los tengo.  La vida puede ser una cobardía diaria que hace a los que tengo en mi área de influencia también cobardes… eso tampoco es vida.  La vida es para valientes y nadie que se llame cristiano tiene excusa para no serlo.  Por eso, oro para que toda mi tibieza sea arrojada ahora de mi boca… No sea que mi vida sea tibia y el Señor tenga, a la postre, que vomitar mi nombre de Su Santa Boca.  ¿Qué vas a hacer tú?  Decídete.  No queda mucho tiempo.

Pastor Antonio Martín Salado