Nº 1328– 22 de Noviembre de 2009

Mientras que el legalismo ha conducido y conduce a muchos religiosos a medir el día de reposo mirando al calendario y al reloj, cuando no  confundiendo los conceptos de “día de reposo” con “día de culto”, a muchísimas almas les pasa completamente inadvertido el sentido esencial del mandamiento divino respecto a la santificación del tiempo y el descanso semanal.

Dios ordena el descanso, el reposo, con un propósito: Recordar y conmemorar cada semana la Creación Divina y la dignidad de todos los hombres por igual.

Nosotros asociamos esa celebración también a la obra redentora de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro.

Dios ordena el descanso semanal para beneficio de todos los hombres y de todos los demás seres vivos.

Dios nos enseña de esa manera que también los campos y las aguas deben reposar para evitar de esa manera que sean esquilmados.

Cuando los hijos e hijas de Dios entendemos y vivimos el descanso semanal damos testimonio de nuestra fe y obediencia a Dios en un mundo en que el hombre se erige a sí mismo en “señor” y “dueño” de la Creación.

Preguntémonos qué lugar ocupa la santificación del tiempo en nuestras vidas.

Preguntémonos qué espacio ocupa en nuestra vida la memoria y la celebración de la Creación.

Preguntémonos qué tiempo de calidad producimos en nuestra vida para conmemorar y celebrar la resurrección gloriosa de nuestro Señor Jesucristo.

Preguntémonos si discernimos entre los tiempos y los espacios, o si por el contrario vivimos en una oscuridad más profunda que las bestias, que al menos distinguen entre la alborada y el ocaso.

¿Cómo es que Jesús tuvo tiempo para todo y guardó el día de reposo, en el que descansó, enseñó y mostró de manera particular las obras de Dios entre los hombres, y hoy tantos cristianos no tienen ni tiempo ni deseo para Dios y sus hermanos?

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.