Nº 1332– 20 de Diciembre de 2009

Hay hombres que ignoran a Dios.

Hay hombres que hablan a Dios.

Hay hombres que guardan silencio delante de Dios.

Pero pocos son los que escuchan a Dios.

No es lo mismo guardar silencio que escuchar atentamente.

Estar en silencio es imprescindible para escuchar atentamente a Dios.

El silencio es pasividad negativa, mientras que la escucha es positiva.

Pero ¿quién se atreverá a enseñar que la oración ha de ser escucha?

¿Quién osará decir que las palabras siempre entorpecen la audición?

¿Quién escandalizará enseñando que incluso el silencio impide oír?

La verdadera escucha es permanecer alerta, en espera, sin decir nada.

Esa fue la actitud de aquellos pastores de los campos de Belén.

“Noche de Paz” fue originalmente “Noche Silenciosa”.

Así escucharon a los ángeles anunciadores del nacimiento de Jesús.

Seguramente hubo entre aquellos pastores quienes nada esperaban.

También quienes guardaron silencio porque esperaban con todo su ser.

Sören Kierkegard decía que no se logra una auténtica oración mientras no se alcanza esta clase de escucha.

Quiera el Señor que esta Navidad sea un tiempo de escucha, de estar atentos y alerta.

No será fácil, pero hemos de esforzarnos por comprender valientemente la futilidad de tantas cosas y tantos ruidos.

¡Feliz Navidad y mucho amor!

Joaquín Yebra,  pastor.