Nº 1488- 30 de Diciembre de 2012

Frente al materialismo exacerbado y las tendencias histéricas a las que nos están llevando los manipuladores del sistema, los que trabajan al servicio de sus dueños, sean conscientes de ello o no, abogamos por la vuelta a los valores espirituales que Jesús de Nazaret vino a mostrarnos.

Creemos que Jesucristo no vino para establecer un sistema religioso que sólo favorece a los señores de este mundo, los que contratan a oficinistas superpagados, es decir, a los políticos, y a muchos dirigentes religiosos, para mantener un cristianismo que no deja ver a Cristo.

Creemos que Jesús de Nazaret es Maestro de espiritualidad, no de religión. Por eso es que el cristianismo organizado por las entidades eclesiásticas poco, si es que algo, tiene en común con la praxis de Jesucristo.

Una espiritualidad que busca alimentar el espíritu a través de algunas prácticas religiosas, ritualismo católico y ortodoxo, y el insufrible reunionismo del parloteo evangélico, nada tiene que ver con la espiritualidad del pobre de Nazaret.

Creemos que el Evangelio de Jesucristo es camino de salvación del ser humano integral que pasa por una espiritualidad de compromiso fundamental en la esencia del amor al prójimo, del perdón y de la reconciliación entre los hombres.

Jesús muestra la vida como esperanza y amor, alternativa para esta sociedad de consumo de oscuros intereses, de esclavitud e injusticia que nos está matando el alma.

Y una sociedad sin alma se acabará convirtiendo en terreno más que abonado para el constante crecimiento de la frustración y la violencia.

Sanar el alma es fuente de salud para la propia alma, es decir, nuestra psique; el espíritu, que es el soplo de vida que Dios nos ha dado a todos cuantos respiramos; e incluso el cuerpo.

“Mens sana in corpore sano”… Mucho amor.