Nº 1537– 8 de Diciembre de 2013

La mente humana es un vasto universo de pensamientos, una interminable corriente de imágenes e ideas que no sabemos detener.

No podemos parar este fluido de ideas, pero sí podemos escoger aquellas en las que optamos por detenernos y enfocar.

Dice un viejo proverbio oriental que “no podemos evitar que los pájaros de la preocupación vuelen sobre nuestras cabezas, pero sí podemos evitar que aniden dentro de ellas.”

La sabiduría que encierra este proverbio radica en diferenciar entre lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer.

No es realista pensar que vamos a poder impedir que las preocupaciones circulen en torno a nuestras cabezas. Es más, tratar de hacerlo puede empeorar las cosas todavía más, por cuanto concedemos poder a aquellos pensamientos que tratamos de resistir.

Procurar no pensar en algo implica centrarnos todavía más en ello. De lo que se trata es de estar en paz con la realidad, o al menos con nuestra visión de esa realidad.

Pero podemos evitar que las preocupaciones aniden en nuestras cabezas. Podemos decidir sobre qué pensamientos vamos a edificar nuestra vida.

Podemos realimentarnos pensando en nuestras viejas heridas, lo que bloqueará completamente nuestro camino hacia el futuro.

Pero también podemos edificar nuestra vida sobre el sólido fundamento de la Eterna Presencia de Dios en lo más hondo de nuestro ser.

Así nos percataremos de que no tenemos necesidad de sentirnos jamás solos; nunca distantes del Dios Eterno que es Amor… Amor que ama perpetuamente.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.