Nº 1587– 30 de Noviembre de 2014

Hay mucha crispación y violencia en el mundo y entre las personas. Sabemos que los poderosos pueden hacer estallar este mundo en mil pedazos. En tiempos tenían que encender la mecha. Ahora basta con pulsar unos botones.

Antiguamente, las consecuencias de la estupidez humana y de la estrechez de miras quedaban limitadas por la incapacidad técnica, pero hoy en día las consecuencias pueden ser catastróficas.

Se ha producido un abismo demasiado ancho entre el poder tecnológico y el corazón del hombre, entre la frialdad de la mente dirigida por el afán por el lucro y la dominación, y el desarrollo moral y espiritual de los humanos.

Sin embargo, en medio de tanto desorden y confusión, creemos que hay esperanza.

El Sol no se cansa de salir cada mañana… Siguen naciendo niños y niñas de ojos risueños… Quedan muchas personas con el corazón en la mano…

De manera que donde puede nacer una flor, lo pueden hacer también mil más.

Nuestro objetivo no es el desierto, sino la Tierra Prometida; la transitoriedad del desierto sólo es una escuela de aprendizaje.

Pero, tengamos cuidado, porque quien no cree en la Tierra Promisoria se vuelve rebelde o indiferente, se desanima y no sigue adelante, y muere en su desierto.

Tengamos siempre presente que la gente feliz no se encuentra entre quienes más medios materiales poseen, sino entre los optimistas, tengan mucho o poco.

Esto son quienes saben ser felices porque conocen en qué dirección mirar en la vida.

Aún no se han encontrado en el mundo a un solo “pesimista feliz”.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.