Personas saludables – Iglesia saludable

Publicado por Antonio Martín en

Tercera epístola de Juan

El apóstol Juan ya anciano escribe esta carta breve al hermano Gayo.  Obviamente todos los escritos del Nuevo Testamento son importantes y cumplen su función.  Ha sido el Espíritu Santo quien escogió los textos fieles a la realidad, realmente inspirados por Su Persona, y que tienen su función y enseñanza tanto para entonces como para la iglesia de todos los tiempos. 

En cada época el Señor aplica Su enseñanza al momento preciso que se está viviendo, siendo así la Palabra de Dios viva y eficaz para nosotros hoy.

La Palabra de Dios es también para todos, para todo el pueblo, anhelando el Señor que sus hijos nazcan de nuevo y su entendimiento sea alumbrado para que entiendan las Sagradas Escrituras.

Sin la apertura de mente que trae el Espíritu Santo es imposible escuchar la voz de Dios en las Escrituras.

El tema general que subyace de las 3 cartas de Juan que nos han llegado es el amor al Señor y mutuo, únicamente posible si guardamos los mandamientos.  Partiendo de esta premisa, desarrollada sobre todo en su primera carta, Juan comienza su misiva declarando el amor de Dios sobre Gayo y por extensión el amor suyo también fundamentado en la Verdad que es el Señor Jesucristo.  Porque sólo con Su amor podemos amarnos unos a otros: (vv. 1 y 2) “El anciano a Gayo, el amado, a quien amo en la verdad.  Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.  ¿Acaso el deseo del apóstol sobre su hermano no es el anhelo que el mismo Señor tiene para con todos sus hijos e hijas?  ¿¿No somos amados también todos por el Señor y Su deseo no es sino prosperarnos en todas las cosas y que tengamos salud y nuestra mente sea prosperada??

Tanto quiere el Señor que seamos prosperados que nos quiere dar Su mente para que pensemos como Él y, por lo tanto, actuemos como Él.  Por eso el apóstol Pablo llega a afirmar rotundamente, que si hemos nacido de nuevo y vivimos por la gracia de Dios en el camino de Sus mandamientos, tenemos (sin ninguna duda) la mente de Cristo, Su corazón para pensar y actuar como Él. Para los que han alcanzado madurez y sabiduría de parte de Dios.  Así somos capaces de hablar no con sabiduría humana sino con las palabras que enseña el Espíritu porque somos conscientes de lo que Dios nos ha concedido, recibiendo no el espíritu del mundo sino el Espíritu que proviene de Dios (esto es el Espíritu del Santo).

Así que una mente saludable es la se abre completamente a recibir el Espíritu Divino y no pone cortapisas a la revelación inspirada por el mismo Espíritu de las Sagradas Escrituras.

Sin estos requisitos es imposible llegar a conocer la mente del Señor en nosotros y discernir Sus Palabras de las palabras que habla el mundo.

Dios quiere que tengamos una mente saludable (porque la prosperidad en el Evangelio es alcanzar mayor salud, mayor conocimiento de la Luz que es el Señor.  Alcanzable sólo por la obediencia.  Una mente saludable como la de Cristo nos hará pensar en cosas saludables, en lo bueno, lo puro y lo amable (es decir, lo que es digo de amarse: los mandamientos del Señor, Su Santa Ley)  “¡Oh cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”  Sal 119:97-Debiera ser nuestra mayor exclamación que naciera de los más profundo del ser donde está el hombre y la mujer interior, esto es Cristo en nosotros (nuestra única esperanza de gloria.  Ya que sólo Cristo es glorificado por el Padre.  Y será solamente Cristo en nosotros quien recibirá toda la gloria porque le pertenece sólo a Él “todita”).  Si buscamos gloria para nosotros mismos nos estrellaremos, porque sólo Él es el capaz, sólo Él es el competente y sólo Él hace las obras  (no son de nuestra factura; lo nuestro no vale.  Está manchado por nuestra vieja naturaleza).  Los mandamientos están siempre con nosotros, porque están en la mente de Cristo  (Sal 119:98 “Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo”.  Como Cristo ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, así también trae consigo Sus mandamientos, los que recibió del Padre y los que habló a Moisés (el Verbo) ante los oídos del pueblo en el monte de Dios y fueron escritos por el “dedo de Dios” por el Espíritu Santo en las tablas de la ley. 

Si nos dejamos enseñar los mandamientos por Cristo, nuestro único Maestro, llegaremos a alcanzar más entendimiento que todos los que nos precedieron: Sal 119:99 y 100 “Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.  Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos”.

Como veis, amados hermanos, la clave para “entender” la mente del Señor es la obediencia a Sus mandamientos, y nunca será otra cosa. 1 Cor 2:16 “Porque ¡quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién le instruirá?  Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”.  Hermanos amados por el Señor a quienes amo también en la Verdad, nosotros no podemos enseñar nada si no es Cristo quien enseña.  No podemos instruir a nadie si no es Cristo quien instruye a través de nosotros, Su Mente (no la nuestra) porque no podemos nosotros enseñar nada a Dios, sino que todos aprendemos de Él.

Una mente saludable, y mente saludable sólo es la de Cristo, es la que nos lleva a la libertad.  Sólo los que están sanos son libres y pueden actuar con libertad, con la libertad gloriosa de los hijos de Dios.  El que no tiene una mente saludable no puede ser libre, no es libre, ya que vive atado por la enfermedad de su mente, sus propios razonamientos que le hinchan de vanidad.  Pero si tenemos la mente de Cristo, Su Salud, Su salvación nos alcanzará y caminaremos en Su Luz, en Su Verdad.

La prosperidad que Dios quiere para nosotros es una prosperidad de mente que se extienda por la salud del cuerpo y la prosperidad en todo lo que hagamos (porque haremos Su Voluntad).

La mente de Cristo nos llevará a cuidarnos, a cuidar nuestro cuerpo como templo del Espíritu Santo (templo que ya le pertenece a Dios… Ya no nos pertenecemos porque hemos sido comprados a un precio altísimo: la sangre de Jesús).  Y del cuidado del cuerpo, con buenos hábitos alimenticios, el equilibrio entre trabajo y reposo, ejercitando nuestro cuerpo tratándolo con firmeza como dice Pablo (golpeándolo para que nos sea útil, poniéndolo en el servicio al Señor) fortaleciendo nuestra musculatura en el ministerio que Dios nos ha dado (siendo fieles en los poco para que Él nos ponga sobre más, sobre más peso.  Levantando primero lo poco que se nos pone de carga, para poder ponernos más fuertes y llevar más carga.  Porque en Sus fuerzas todopoderosas, siempre será ligera Su carga y suave Su guía.  Aunque a los ojos de los hombres les parezcan cargas y trabajos insoportables, para nosotros serán deleitosos y siempre anhelando servir más y mejor.  Dejándonos, el Señor, experimentar cada vez mayor aplomo de gloria Suya, Suya Toda Siempre.  Pero que se manifiesta en sus hijos e hijas para que Él sea reverenciado y glorificado.

Sólo si guardamos los mandamientos, haciendo esas buenas obras de Dios puestas delante de nuestros ojos, recibirá el Padre la honra de parte de más hombres.

Sólo hay un Camino al Padre y el Camino es Cristo (Su mente, Sus palabras y Sus hechos).  Todo en conjunto.   Es inseparable.

Seguro que muchos de nosotros comenzamos nuestra carrera con Cristo, sabiendo muy poquitas cosas, y esperando del Señor simplemente que nos prosperara en el mundo, en las cosas…  Pero hemos de superar ese primer estadio (el de “dame cosas”).   Después, generalmente, viene el de “dame salud” (cuando nos viene algo, la mayoría de las veces por no cuidar el cuerpo… por no hacer ejercicio, por ejemplo, y por llevar una dieta insana).  Pero es en el tercer estado donde vamos a encontrar la salud completa que nos hace libres en Cristo Jesús: Para todo lo bueno!!  Es la prosperidad del alma, de la vida interior, de la mente que rige todo nuestro ser:  y eso sólo puede ocurrir cuando rendimos nuestra mente a la mente de Cristo.  Cuando rendimos nuestros razonamientos ante la Palabra del Señor sin hacer excepciones que nos son molestas.  Asumir la Verdad, toda la Verdad y nada más (y nada menos) que toda la Verdad.  Tú sabes y yo sé que ahí radica toda la libertad real.  Que será siempre libertad del pecado.

(v.11) “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno.  El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios” … Todavía, pero hoy tienes la oportunidad de ver al Señor en Jesucristo quizás como nunca lo has visto.

Pídele al Señor que te revele Su rostro, porque el rostro es el espejo del alma… Que te revele el Señor Su mente.  Dile que estáS dispuesto/a a recibir, no un cachito de su mente, de su revelación, sino que quieres recibir una luz mayor, más completa.  Porque siempre habrá más y más Luz porque Dios es Luz y es Eterno.

Dile al Señor que quieres ser un valiente porque recibes Su Espíritu de poder, de amor y de dominio propio.   Pide, que quien pide recibe.   No dejes pasar esta oportunidad y pídele al Señor con arrojo lo que te falta.  Y ojalá que pidamos menos cosas y más lo que es importante: MENTE SALUDABLE: LA MENTE DE CRISTO PARA TENER SU VIDA SALUDABLE EN TODOS LOS ASPECTOS.  Y TODOS VERÁN EL CAMBIO Y SERÁ EL MEJOR TESTIMONIO DE CRISTO QUE PUEDAS, QUE PODAMOS JUNTOS DAR.

¡QUE EL SEÑOR OS BENDIGA!

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Categorías: Predicaciones