Nº 1.942 – 19 de Septiembre de 2021

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.  Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios.”  (2 Timoteo 1:6-8)

Para participar de los ministerios cristianos constituidos por Dios se necesita el don concedido por el Señor y también el reconocimiento tanto como la autoridad que la iglesia, por medio de sus oficiales, delega en los hermanos y hermanas que los realizan.  La oración de bendición y de encomendación del pueblo bajo la dirección del Espíritu Santo es fundamental.  Vemos siempre un orden en la Iglesia del Nuevo Testamento y todo se hace mediante la aprobación de toda la iglesia y el refrendo de apóstoles y pastores.  Así se eligieron los primeros diáconos en la iglesia de Jerusalén. El Espíritu Santo capacita a hombres y mujeres para que sean valientes y no se cansen de dar testimonio del Señor apoyándose mutuamente.  La cobardía debe ser desechada en los llamados al servicio de Cristo y de Su Iglesia.  No podemos ser llenos del Espíritu de poder, del Espíritu de amor y del Espíritu de dominio propio, si no tomamos la firme decisión de borrar el miedo de la mente.  El temor a sufrir persecución por decir la verdad debe ser expulsado.  El espíritu cobarde no procede de Dios.  Y si no viene de Dios, ya sabemos de qué lugar proviene entonces.  Sólo la verdad nos hará libres.  Los cobardes siempre son esclavos de los que temen- Temamos pues sólo a Dios y no a los hombres viviendo entonces como genuinos hijos e hijas de Dios. 

Pastor Antonio Martín Salado