Nº 1319– 20 de Septiembre de 2009

Publicado por CC Eben-Ezer en

Hoy vamos a seguir pensando en nuestro corazón, esa conciencia que nos hace humanos. Nuestro corazón, por causa del pecado, está habitado por malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, ambiciones, crueldad, fraudes, engaños, lascivia, envidia, maledicencia, orgullo, soberbia, necedades y un sinfín de segregaciones repugnantes que originan todos los desórdenes y todos los dolores y sufrimientos entre los hombres.

Todo eso convierte al corazón humano en una piedra endurecida que no nos permite vivir la clase de vida que Dios tiene para nosotros. Y es por eso que necesitamos una operación de cirugía mayor, que solamente Dios puede realizar, mediante la cual sea substituido nuestro corazón pétreo por uno de carne.

Dios es quien puede, sabe y quiere arrancar este corazón de piedra, para tirarlo muy lejos, por cuanto no le sirve ni a Él ni a nosotros, y lo substituye por uno de carne, sensible a la llamada de Dios y anhelante por andar en los mandamientos de su Santa Ley.

Ahora bien, no nos engañemos: Se trata de una operación de alta cirugía muy dolorosa, por cuanto el corazón de piedra tiene extensas ramificaciones por todo el ser del hombre. No hay ningún órgano que no se vea afectado por ellas.

Pero vale la pena someterse a esta intervención. Es menester asumir la realidad de la presencia de este corazón pétreo que arruina la vida del hombre. Hay que ponerse en manos del Cirujano Divino, y hacerlo confiadamente, sabiendo en quien nos estamos confiando.

Sólo entonces podremos experimentar el cambio glorioso que significa deshacernos del corazón de piedra para recibir un corazón de carne, sensible, tierno, dócil, sumiso y responsable ante la Palabra de Dios nuestro Señor.

 Podemos tener la absoluta seguridad de que vamos a salir completamente curados, renovados, aligerados, transformados. Y así vamos a afrontar la existencia desde ángulos y perspectivas insospechadas.

Entonces experimentaremos grandes cosas entre nuestra alma y nuestro Dios. Algo inmenso, pero que puede manifestarse en dos breves expresiones: Vamos a poder amar y ser amados. Y eso es el todo del hombre.

Mucho amor.     Joaquín Yebra,  pastor.