Nº 1344– 14 de Marzo de 2010

Publicado por CC Eben-Ezer en

La justicia es rectitud, y hay que buscarla. Podemos enseñar a nuestros hijos que lo recto, lo bueno y lo justo son siempre lo mismo, y no nos equivocaremos y les confundiremos.

No basta con procurar ser justos, sino que hemos de promover la justicia para todos, aunque ello suponga conflicto y dolor personal.

Debemos enseñar a nuestros hijos que todos los seres humanos hemos sido creados iguales, y que cada uno de nosotros poseemos un valor infinito.

Debemos atrevernos a enseñar a nuestros hijos que no es sabio dejarnos arrastrar por ideas preconcebidas, que cada situación ha de ser juzgada de acuerdo con sus circunstancias, y a cada persona conforme a su propio mérito.

Todo prejuicio es ignorancia, y así debemos explicárselo a nuestros hijos. Juzgar por la apariencia exterior es errar sonoramente. El recipiente puede ser engañoso. Examinemos siempre el contenido.

Recordemos también que nuestro Señor Jesucristo nos ha advertido respecto a nuestros juicios, diciéndonos que con la medida con que juzguemos, así seremos juzgados.

No avergoncemos ni turbemos a nadie. Sabiamente dice el Talmud que “quien avergüenza a alguien en público es como si derramara sangre”.

Debemos enseñar a nuestros hijos a superar antipatías personales. Cuenta el Talmud que un día Abraham recibió a un viajero que cuando oyó al patriarca bendecir al Señor por los alimentos, comenzó a blasfemar. Entonces Abraham le expulsó de inmediato. Por la noche, Abraham oró y dijo al Señor: “Señor, hoy he defendido tu honor expulsando de mi presencia a un blasfemo.” Y el Señor le dijo: “Abraham, ese hombre me ha maldecido durante cincuenta años y yo le he alimentado cada día. ¿No podías haberle tolerado tú durante una sola comida?”

Debemos enseñar a nuestros hijos a no ser fanáticos, sino a unirse a causas nobles y a personas que necesitan ayuda.

Una persona debe marcar una diferencia, y nuestros hijos merecen una visión de la vida que nadie puede darles si no somos nosotros a la luz de las Sagradas Escrituras.

Esa visión no se la puede dar la televisión con su exhibición de violencia, indecencia, injusticia, libertinaje y deshonestidad.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.