Nº 1353– 16 de Mayo de 2010

Publicado por CC Eben-Ezer en

La seguridad del creyente se basa en el conocimiento de Dios revelado en la Creación y en sus poderosos hechos en la historia, sobre la certidumbre de sus promesas en el testimonio de las Sagradas Escrituras, la resurrección de Jesucristo y el testimonio del Espíritu Santo a nuestro propio espíritu, especialmente en su manifestación poderosa en la forma de vidas transformadas.

La seguridad en la bendición de la gracia divina se basa en el amor inalterable de Dios y de nuestra relación con Él como Padre, como Hijo, y, por tanto como Hermano Mayor, como Salvador de sus hermanos menores, y como Espíritu Santo Consolador derramado en nuestro corazones por el propio Jesucristo glorificado.

La seguridad de la salvación, ganada a nuestro favor por Jesús de Nazaret en su sacrificio vicario en la Cruz del Calvario, nos es dada por medio de la realidad de nuestra permanencia en la fe de Jesucristo, relacionándonos con Él como hijos e hijas del mismo Padre.

El Señor ha prometido hacer todo lo necesario para transformarnos a su semejanza, y podemos estar seguros que lo cumplirá. El Señor se complace en que nosotros acudamos a Él tal como somos, por la sencilla razón que así y sólo así es como podemos acceder a Él. Su amor nos alcanza tal como somos, con nuestros pecados y debilidades. Pero Él nos ama tanto que no va a permitir que sigamos viviendo como lo hacíamos antes de entrar en su amistad.

El Señor nos ama porque nos ha adoptado como hijos e hijas, no porque haya algún bien o bondad en nosotros. Y cuando por fin llegamos a comprender que Él nos ama y nos acepta, comenzamos a sanar espiritualmente y a dar frutos de arrepentimiento. La verdadera diferencia la produce nuestra propia aceptación de su aceptación de nuestras vidas. Muchos continúan viviendo en pecado, aún después de haber recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, porque no creen que verdaderamente el Seños les ha perdonado. Muchos cristianos permanecen derrotados por el pecado porque no tienen la seguridad de que han sido aceptados para ser transformados y comenzar una nueva vida de crecimiento espiritual.

¿Significa esto que Dios acepta nuestros pecados y podemos seguir viviendo tranquilamente mientras quebrantamos los mandamientos y preceptos de la Santa Ley de Dios sin consecuencias? No, la conducta rebelde tiene consecuencias, pero el Señor no cierra la puerta a pecador arrepentido que busca del Señor perdón, sanidad y poder. La seguridad conduce a la victoria, mientras que la inseguridad nos lleva de derrota en derrota.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.