Nº 1339– 7 de Febrero de 2010

Publicado por CC Eben-Ezer en

El perdón y el amor son las dos grandes fuentes de la auténtica belleza. Hay quienes, aún siendo cristianos de nombre, no perdonan y viven siempre enfadados, y su fealdad de carácter e incluso física va en aumento.
Ahora bien, nadie pretende afirmar que el perdón sea fácil. No lo es. Además, el perdón, como todo en la vida, necesita practicarse. El perdón forma parte de las muchas oportunidades que Dios nos da en el curso de la vida.
Para poder perdonar debemos asumir que siempre habrá cosas que nosotros no podamos cambiar. Además, la falta de perdón nubla nuestro entendimiento. Al perdonar descubrimos que muchas veces las circunstancias no pueden cambiar, pero nosotros sí.
Aceptamos fácilmente los rasgos positivos de las personas, pero pocos son quienes están dispuestos a amar a las personas con todos sus rasgos, tanto positivos como negativos… La tozudez de tu marido, o de tu mujer, o los ronquidos de tu mujer, que son tan sonoros como los tuyos, sólo que ella siempre los niega… la fijación de ideas de tu marido o tus macarrones con tomate… el desorden de la habitación de tus hijos… el cariño de tu hija por esos vaqueros viejos… o los que arrastra tu hijo limpiando la calle a su paso… la actitud impositiva de tu suegra… tus problemas económicos, excepto cuando se trata de cambiar de coche.
Recuerdo una oración que me enseñó una hermana Regina, compañera en el Seminario: “Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no pueda cambiar, el valor para cambiar las cosas que sí pueda cambiar, y la sabiduría para distinguir entre ambas.”
Existe una alta probabilidad de que el Señor no cambie a algunas personas de nuestra vida, pero lo que nunca nos faltará será la gracia de Dios para aceptar a esas personas, para vivir con ellos y amarlos.
El segundo principio para el perdón es reconocer que siempre tendremos diferencias. Por eso es que cuando un matrimonio afirma que nunca discuten, o bien mienten, o bien uno de los dos ha abandonado todos sus derechos, ideas, opiniones y pensamientos.
No debemos olvidar que todos y cada uno de nosotros somos únicos, distintos, y, por lo tanto, con diferencias de opinión, lo que implica que siempre hallaremos áreas de desacuerdo.
Si no perdonamos nos encontraremos fuera del “timing” de Dios, fuera de su “flow chart”, de su “gráfico de flujo”. Si no perdonamos estaremos, atacando a las personas, en lugar de procurar la resolución de los problemas.
Estamos dispuestos a perdonar cuando aceptamos el reto de la reconciliación. Sólo así podemos acometer la resolución creativa de las diferencias.
El tercer principio es el reconocimiento de que la resolución creativa de un conflicto es un acto de amor. La semana próxima seguiremos con este tema.
Mucho amor.
Joaquín Yebra, pastor.


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