Nº 1357– 13 de Junio de 2010

Publicado por CC Eben-Ezer en

Hay tres vocablos que describen la relación del fiel con Dios nuestro Señor: Fe, creencia y confianza. Tristemente, para muchos hoy día la voz “fe” significa simple y llanamente un asentimiento intelectual. Incluso hay círculos en los que se denomina “fe” al “pensamiento positivo”.

En vista de tanta confusión, creo que el término “confianza” se aproxima muchísimo más a lo que significa la “fe” según las Sagradas Escrituras.

Si somos observadores, nos percataremos de que en todos los casos en que aparece la palabra “fe” en la Biblia, podemos sustituirla por la voz “confianza”, con lo que no sólo no estaremos cambiando el sentido del texto, sino que estaremos entrando en una dimensión muy acertada de lo que significa nuestra dependencia de Dios nuestro Señor.

La “fe” implica creer, confiar, depender, y el resultado es la obediencia. Por eso es que si extraemos de la “fe” la confianza y la dependencia, nos quedamos sólo con la aceptación con nuestra mente de un determinado número de verdades abstractas que puede que nunca lleguen a ser realidades vivenciales.

Por eso nos dice el apóstol Santiago 2:19: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”

Incluso los demonios creen, pero eso no significa que vivan en confianza y dependencia de Dios.

Por eso el fiel mantiene su fe en el Señor aunque las cosas no resulten a veces como esperábamos. Recordemos lo que se nos dice en el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos, respecto a los que fueron atormentados, sufrieron azotes y vituperios, prisiones y cárceles, fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, anduvieron de acá para allá, angustiados y maltratados. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido. (11:35-39).

Las promesas espirituales, como son el perdón de los pecados, el don de la vida eterna y la presencia del Espíritu Santo, son para todos cuantos se arrepienten y entregan su corazón a Jesucristo; pero las bendiciones temporales las concede el Señor en unas ocasiones, y no en otras, según conviene a la providencia y soberanía divinas.