Nº 1392– 13 de Febrero de 2011

Publicado por CC Eben-Ezer en

En Cristo Jesús no podemos reclamar virtud ni mérito cualesquiera. Todo bien que podamos hacer será siempre el Señor quien lo estará haciendo a través de nosotros.

Todos los fallos y fracasos serán nuestros, tan pronto apartemos la mirada del Bendito.

Fracasamos cuando nos interponemos en el camino de Dios, cuando nos quedamos rezagados o cuando queremos correr por delante de nuestro Señor. Ahí vienen nuestros fallos y caídas.

Toda bondad proviene de Dios nuestro Señor. Todos nuestros pecados, errores y fallos proceden de nuestro “ego”. De él proceden nuestras reclamaciones y reivindicaciones, nuestras exigencias y deseos distorsionados, los cuales nos vuelven completamente indignos ante el Eterno.

En Cristo Jesús es fácil comprender que tan sólo somos instrumentos que el Espíritu Santo quiere usar y afinar para realizar la labor que nos ha sido encomendada por él mismo.

En el Amado comprendemos que nada nos pertenece plenamente, sino que a lo sumo somos administradores, mayordomos y cuidadores de las bendiciones que Dios pone en nuestras manos, y de las que habremos de rendir cuentas un día.

Por eso es que cuando hagamos lo que debemos hacer, nos corresponde reconocer que somos siervos inútiles, pues no habremos hecho nada más que lo que se nos ha encomendado llevar adelante.

E incluso eso, habrá sido merced a la bendición de ayuda que procede del Santo Consolador.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.