Nº 1400– 10 de Abril de 2011

Publicado por CC Eben-Ezer en

Millones de personas rezan cada día esa oración magnífica que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo, en la que se repite: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”…
Pero no pasa nada o casi nada…
Siguen muriendo de hambre o malnutrición millones de niños en el continente africano…
El pan no les llega; sólo les alcanza la pobreza, la hambruna, las aguas estancadas, los mosquitos, la enfermedad, la ignorancia, la miseria… El pan no llega.
¿No llega? ¿Seguro? ¡Cuánta hipocresía! El pan llega en cantidades inmensas…
Abre tu nevera, y verás que hay abundancia incluso cuando no está llena…
Comprobarás que has tenido a veces que tirar alimentos porque no los consumiste a tiempo y se pasó su fecha de caducidad…
Abre la alhacena, y verás que hay reservas más allá de mañana…
Una visita al médico, y su receta te proporciona medicamentos subvencionados con los impuestos de todos…
Hay espacio en los restaurantes de menú diario para trabajadores… Los atestados, donde hay que reservar, son los de cuatro tenedores en adelante…
¿Has observado las marcas de los vehículos que circulan por nuestras calles y carreteras? ¿Sabes que los vendedores de automóviles de gama alta no se quejan del descenso en las ventas, que los que lo hacen son los de coches utilitarios?
Dios nos ha dado el pan cotidiano; somos nosotros los que no lo repartimos, los que no compartimos, los que acumulamos, los que engordamos… Millones que repiten la oración del pan, no saben lo que dicen, ni lo que piden, ni lo que implica…
Mucho pan y mucho amor.
Joaquín Yebra, pastor.