Nº 1414– 17 de Julio de 2011

Publicado por CC Eben-Ezer en

El montañero llega a ser uno con la montaña, como el pescador con la mar, como el aviador con el aire, como el labrador con la tierra.
En Cristo Jesús, más allá de las frías y rígidas fronteras del eclesiasticismo, el creyente fiel es uno con su Señor y Maestro.
Por eso es que el anhelo más hondo de Dios es llegar a ser todo en todos.
Esto lleva palpitando miles y miles de años en los corazones de todos los hombres y mujeres sensitivos.
Unos, en el extremo Oriente, lo han llamado “Nirvana”; otros, en la milenaria India, lo han expresado como “Satchitananda”; y nuestro único Señor y Salvador Jesucristo lo ha denominado “Reino de Dios”.
En las raíces vetustas del sanscrito, “sat” es el “ser”; “chit” es la “consciencia”; y “Ananda” es la “dicha suprema”, la “bienaventuranza”.
De ahí que nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo nos revele que la máxima dicha es ser pobre de espíritu…
Ser consolados por el Espíritu Santo en nuestro llanto…
Heredar la tierra en mansedumbre…
Ser saciados en nuestro hambre y sed de justicia…
Alcanzar misericordia por haber sido misericordiosos…
Ver a Dios desde un corazón limpio…
Ser conocidos como hijos de Dios por ser hacedores de paz…
Tener un lugar en el Reino de Dios por haber sido perseguidos por causa de su justicia, aunque hayan mentido acusándonos falsamente…
Y saber que en el cielo de Dios nos aguarda un galardón que los hombres no pueden ni siquiera imaginar…
Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor