Nº 1420 – 28 de Agosto de 2011

Publicado por CC Eben-Ezer en

Me suelen decir que doy generalmente respuestas largas a las preguntas que me formulan. Es cierto. No sé responder en versión corta. Quizá porque estoy cansado de escuchar respuestas que no se remontan a los orígenes de las cosas. Y cuando no vamos a las raíces, sólo perpetuamos los errores y los malentendidos. Además, para mí, responder no es simplemente “salir del paso”.
Solemos empezar por el lado equivocado de la mayoría de las acciones que emprendemos. Lo mismo nos ocurre cuando tratamos de hallar la raíz de los problemas que erróneamente procuramos resolver desde la superficie, por cuanto ahondar es siempre más cansado.
Nos cuesta reconocer dónde se encuentra la esencia del problema, y de ahí que no resolvamos muchos asuntos por no querer confrontarnos con esa raíz; quizá porque en ella estamos involucrados por acción o por omisión. Pero eludir responsabilidades, como buscar culpables, nunca traerá soluciones.
Nos hemos acostumbrado a vivir la inconsciencia elusiva que después, ante lo imperioso, nos conduce necesariamente a la improvisación chapucera y el torrente de consecuencias que siempre trae consigo. Naturalmente, si despertamos a esta realidad y sus implicaciones, y además pretendemos que otros hagan lo mismo, comprobaremos que despertar no gusta al personal, que además hay despertares incluso agresivos, porque hacer salir de los dulces sueños de la indolencia y la irresponsabilidad resulta muy molesto para quienes su forma de vida es un continuo sestear.
El despertar de los soñadores, especialmente a los diurnos, les producirá enfados e irritaciones, por cuanto abrir los ojos a la realidad, después de haberlos mantenido semicerrados o cerrados del todo por mucho tiempo, no es fácilmente asumible. Pero Jesús ha dicho: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:17).
Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.