nº 1441 – 5 de Febrero de 2012

Publicado por CC Eben-Ezer en

Entendemos que todo fanatismo, todo fundamentalismo no dialogante, todo odio, todo racismo y todo resentimiento social, son contrarios al Evangelio del Reino de Dios y de la Gracia.

No podemos, desde la vida y el testimonio de Jesús de Nazaret, llamar paganos o infieles a quienes profesan otros caminos religiosos, porque nuestro Señor sencillamente jamás lo hizo. Tampoco podemos despreciar a los agnósticos y ateos. No son ellos peligro alguno para el Evangelio de Jesucristo. Personalmente, no puedo olvidar que yo un día lo fui. El verdadero peligro se halla en aquellos que llamándose “cristianos” atentan contra la paz, el amor, la convivencia de todos los hombres, la justicia para toda la humanidad y la conservación del planeta.

Jesús nunca estigmatizó a ningún pueblo. Jamás empleó palabras despectivas hacia la espiritualidad de otros. A la mujer samaritana no le dijo que tendría que abandonar su culto en el templo de su monte para trasladarse al de Jerusalem. Por el contrario, Jesús descentralizó la religión organizada tanto por samaritanos como por judíos, para explicarle que los verdaderos adoradores adoran al Padre en espíritu y en verdad, independientemente de dónde se hallen.

Es vergonzoso recordar que fueron cristianos quienes en su encuentro con los nativos de América enseñaron que se trataba de “indios sin alma” y sin “uso de razón”, para de ese modo poderlos manejar ideológicamente y usarlos como si fueran cosas desechables. Es vergonzoso comprobar que con el pretexto de la religión impuesta, la teología de la dominación ha venido aceptando, promoviendo y bendiciendo todas las empresas de conquista y colonización. Hemos olvidado, o bien no se nos ha enseñado, que el monoteísmo y el cristianismo no tienen su origen en las cátedras de filosofía de occidente, sino que son tan orientales como todas las espiritualidades que han venido siendo despreciadas y perseguidas por los conquistadores.

Creemos y confesamos que los más peligrosos demonios a los que nos enfrentamos son la opresión y la dominación. Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.