Nº 1443 – 19 de Febrero de 2012

Publicado por CC Eben-Ezer en

“No sólo de pan vivirá el hombre” no significa desatender las necesidades materiales e inmediatas, sino que éstas van de la mano de las necesidades espirituales. Por eso Jesús de Nazaret nos asegura que le veremos hambriento, sediento, desnudo, enfermo y en la cárcel.

Nuestra teología  está en la historia, no en la macrohistoria que nos supera, sino en la historia de nuestro mundo, de nuestro barrio, de nuestro círculo, de nuestro entorno. Detestamos la teología de papel y tinta, y de todos los demás soportes de nuestros días. En definitiva, no podemos hallar un eslabón entre las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo y la teología de salón.

No queremos teologías de búsqueda de acreditaciones académicas del mundo, como si el estado secular tuviera alguna palabra que decir en la formación cultural de quienes pretenden dedicarse al servicio cristiano comprometido. No podemos imaginar a nuestro Bendito Salvador aceptar fondos de la misma fuente y procedencia que los recauda del juego, de la exportación de armamento o de la explotación del hombre por el hombre. No podemos imaginar a nuestro Señor presente por su Espíritu entre legajos de expedientes, tasas académicas y sellos de caucho.

La única teología afín a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras se encuentra siempre en la historia, encarnada en una cultura y una lengua concretas, promoviendo la interinculturización, la equidad de género, la justicia social y la democracia participativa y social, que no formal, de libro blanco y de escaparate.

Sentimos espanto ante quienes están dispuestos a arrancar la vida a quienes se dirigen a Dios empleando otro nombre distinto al de sus explotadores. Igualmente, sentimos repugnancia hacia quienes bajo fórmulas más suavizadas promueven los odios, ignorando que no puede haber mensaje religioso fuera del ámbito del amor y la concordia, de la justicia, la humildad y la tolerancia.

Cuando caminamos con la mirada puesta en Jesús de Nazaret, sabemos lo que queremos.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.