Nº 1444 – 26 de Febrero de 2012

Publicado por CC Eben-Ezer en

La teología de la dominación mira siempre en dirección contraria a los explotados y marginados. Deslumbrada por los fulgores de los imperios de este mundo, la teología de la dominación separará siempre el mensaje del Evangelio, de la conquista y la colonización, para quedar siempre bien con todos. La teología de la dominación no contempla a los marginados. Forma parte del entramado de la explotación, sutil pero detectable y constatable. El Evangelio, por el contrario, lucha por la inclusión de los invisibles a los ojos de los ciegos a todo cuanto no sea el poder de dominación y el afán por el lucro.

La teología de la dominación no está interesada jamás en la actualización histórica, ni luchará nunca por la inclusión de los invisibles y oprimidos. Tampoco participará nunca en todo cuanto conduzca a la organización de los marginados. Esto me hace recordar la canción de Serrat:  “Disculpe el señor si le interrumpo, pero en el recibidor hay un par de pobres que preguntan insistentemente por usted. No piden limosnas, no… Ni venden alfombras de lana, tampoco elefantes de ébano. Son pobres que no tienen nada de nada… No entendí muy bien, sin nada que vender o nada que perder, pero por lo que parece tiene usted alguna cosa que les pertenece… ¿Quiere que les diga que el señor salió? ¿Qué vuelvan mañana en horas de visita? ¿O mejor les digo, como el señor dice: ‘Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita?” (Disco: “Utopía”).

La teología de la dominación sancionará siempre positivamente la existencia de los ejércitos, presidirá sus actos, oficiará sus funerales, bendecirá sus cañones, validará a sus guerreros con sus cruces y sus capellanes, encargados también de acompañar a los reos a los patíbulos, siempre con la “garantía” del estado secular. Nos engañará moviéndonos a aceptar que las fuerzas armadas existen para pacificar zonas en conflicto y disuadir del uso de la violencia mediante el empleo paradójico de las armas, mientras la mayoría sigue desconociendo la cifra de más de 95 soldados españoles muertos en Afganistán y 150 en Bosnia y Líbano. Las estadísticas de norteamericanos y británicos son mucho más alarmantes.

Nosotros creemos que no hay pueblos nacidos para mandar y otros para obedecer. Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor