Nº 1464 – 15 de Julio de 2012

Publicado por CC Eben-Ezer en

La vida del hombre es efímera, rápida, sutil. Todo en la Creación es como una llama vacilante, como una sombra, como un eco.

Sólo el tiempo que nosotros hemos aprendido a medir, no el tiempo absoluto, que desconocemos qué es, es diferente para cada criatura. Las estrellas son más duraderas que la vida de un hombre, e incluso que la de todos los hombres.

Nosotros somos como estrellas de muy corta duración; como nieblas pasajeras y llamas de vela; como espejismos, gotas de rocío y burbujas en un torrente; como las pompas de jabón con que juegan los niños; como relámpagos entre nubes estivales; como sueños  diurnos.

La vida del hombre es un viaje muy rápido, a veces incluso precipitado.

Concebir a todo el efímero mundo de esa manera será siempre una inmensa ayuda para no caer en la trampa de los apegos que nos esclavizan y nos impiden disfrutar de la libertad.

Comprender la naturaleza ilusoria de las cosas, aunque no lo podamos razonar, nos ayudará a asumir que no podemos demostrar que la esencia de la jarra es algo distinto de la arcilla de la cual está hecha. Así es como podemos asumir que la jarra ha sido imaginada por la ilusión, mientras que la arcilla es la realidad básica.

Siempre será más fácil perdonar cuando nos sabemos y sentimos perdonados.

Siempre será más fácil amar cuando nos sabemos y sentimos amados.

Siempre será más fácil sentir nuestra medida cuando abramos nuestros ojos al universo externo, aunque nos veamos como una diminuta gota de agua en el océano, y después cerremos nuestros ojos para mirar dentro de nuestro universo interior, y nos sintamos como una burbuja que surge en el mar del corazón. Apaga todos tus cachivaches que tengan “on” y “off”, y abre todos tus poros al Espíritu de Dios.

Mucho amor. Joaquín Yebra, pastor.