1514 – 30 de Junio de 2013

Publicado por CC Eben-Ezer en

En medio de la problemática de la vida nos aferramos a todo cuanto pensamos es suficientemente fuerte como para sostenernos.

La experiencia más compartida es que precisamos de mucho valor, o mucha desesperación, para ponernos en manos de Dios. Solemos dejar que las circunstancias desafíen nuestra fe hasta el límite.

Recordemos las palabras de aquel padre que le dijo a Jesús: “Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24).

Siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo hemos de aprender, sin esperar hasta nuestro último suspiro, a encomendar nuestro espíritu en sus manos, esas manos abiertas e indefensas por ser totalmente amorosas.

Necesitamos aprender a asumir y confesar que no somos nuestros, que no nos pertenecemos, que hemos sido comprados a libertad del pecado al precio de la sangre de Jesucristo.

Que, por lo tanto, hemos sido llamados a participar de sus sufrimientos y padecimientos… Que hemos de aprender a seguir el ejemplo de nuestro Salvador y Maestro desprendiéndonos de nuestros apegos que nos poseen… Que hemos sido apartados para servir a Jesucristo viéndole entre los más vulnerables y necesitados.

Que precisamos vaciarnos para poder ser llenos con el Espíritu Santo hasta rebosar… Que hemos de aprender a tener abundancia y a tener escasez, y en ambos casos bendecir a Dios en todo momento y lugar…

Y que las promesas hechas por el Señor en la tierra han sido ratificadas en los cielos, en el Santuario Celestial, donde Jesús el Mesías Sufriente, hecho Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, intercede por nosotros hasta el día en que como Mesías Triunfante vendrá a buscar a quienes le amamos, obedecemos y esperamos.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.