Nº 1491 20 de Enero de 2013

Publicado por CC Eben-Ezer en

El insomnio es achaque que se está extendiendo notablemente, hasta convertirse en enfermedad epidémica.

Se consume mucho café, muchas bebidas con cafeína, mucha televisión cargada de agresividad y violencia, y así no hay quien duerma.

El Gautama solía decir que si uno es bondadoso dormirá con facilidad, la gente nos querrá más, nuestro rostro lucirá de forma más radiante y nuestra alma estará serena.

El Apóstol Pablo nos ha enseñado que la bondad es fruto del Santo Espíritu de Dios. Es un regalo, un don de la gracia divina, y, por lo tanto, es algo verdaderamente maravilloso.

Si decimos que la bondad es el mejor medicamento para combatir el insomnio, muchos se burlarán de nosotros. Estamos acostumbrados. Pero esos mismos que se burlan sufren mucho por falta de bondad.

El egoísmo, el vivir inclinados siempre hacia la contemplación de nuestro propio ombligo, la falta de compasión, son los enemigos fundamentales del sueño reparador que Dios ha diseñado para nosotros.

La verdadera espiritualidad nos capacita para el trabajo y el descanso, para la actividad y el reposo, para la bondad y el sueño.

La bondad cura las heridas, por profundas que sean, sin dejar la triste huella de las cicatrices.

La bondad infinita es el amor de Dios al entregar a su Hijo Jesucristo para pagar con su vida el rescate de nuestra libertad.

La bondad es la parte fundamental de la sabiduría divina con que Dios ha dotado la vida del hombre.

Dios es Bueno y para siempre es su Misericordia.

Mucho amor y mucha bondad.

Joaquín Yebra,  pastor.