Nº 1497 3 de Marzo de 2013

Publicado por CC Eben-Ezer en

Nuestro mundo no es el mejor de los mundos que podemos tener.

Es lo que hay. Es lo que hemos hecho con el regalo que Dios puso en nuestras manos. Y no sólo es el que hay, sino que tampoco es el peor con excepción de todos los demás.

Nuestra sociedad no sólo es mala por vivir de espaldas a Dios, sino fundamentalmente porque la mayoría de los humanos están tan contentos de que les presionen, les exploten, les digan qué tiene que comer, vestir, comprar, cómo divertirse, y, naturalmente, qué pensar.  En definitiva, que casi todo el mundo se deja aprisionar con gusto.

Estamos totalmente acostumbrados a ver televisión con programación sin objetividad alguna.

Ya no sentimos absolutamente ningún picor ante su poder alienante, hasta el punto de convertirse en la máquina más pérfida de cuantas nos han creado. Como alguien ha dicho: “Estamos entre la televisión y la pared.”

Ese es el sepulcro anticipado, no que nos espera, sino en el que ya se pudren las masas de muertos de rencor, heridos de injusticia, y un porcentaje altísimo de hambre.

Todo el mundo necesita respirar, pero no puede porque no hay aire para todos.

La propaganda del poder dice que respiraremos más tarde, pero la mayoría se acostumbra a no respirar, y cuando ya lo han logrado, se mueren.

Jesucristo vino para darnos vida, y vida en abundancia.

Nosotros hemos hecho religión.

¿Estaremos todavía a tiempo de rectificar?

Porque creo que sí, es por lo que sigo predicando el Evangelio.

Mucho amor.   Joaquín Yebra,  pastor.