Nº 1572– 17 de Agosto de 2014

Publicado por CC Eben-Ezer en

Fue sólo bajo la luz de la Pascua que los discípulos entendieron las intenciones de Jesús de Nazaret, su obra y la esperanza mesiánica. Entonces se percataron de que el Mesías Triunfante que un día vendría, había estado entre ellos como Mesías Sufriente, conforme a las Sagradas Escrituras.

Entonces fue cuando se dieron cuenta de que había venido a lo suyo, pero los suyos le habían rechazado, y había sufrido como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Les costó mucho asumir que Jesús de Nazaret no había venido del Padre para conquistar el Imperio Romano, sino a la muerte y al mal. Entonces comprendieron que el Reino que Jesús había venido a anunciar no era de este mundo, de este sistema que produce tanta explotación y miseria, tantas hambrunas, guerras y derramamientos de sangre.

Cristo Jesús representaba la vida verdadera, y su resurrección era la prueba convincente de que Dios no está satisfecho con ningún ciclo de vida que termina con la muerte. Llegar hasta el último límite para romper ese ciclo es lo que hallamos en lo más hondo del corazón de Dios revelado en la persona de Jesucristo y su obra.

Dijo Martin Buber (1878-1965), filósofo y teólogo judío, conocido como padre de la “filosofía del diálogo”:  “Desde mi juventud he encontrado en Jesús de Nazaret a mi gran hermano. El hecho de que la cristiandad lo haya considerado y lo considere como el Dios y Salvador, siempre me ha parecido un hecho de la mayor importancia y que, por su bien y mi bien, debo esforzarme por entender.”

Es escalofriante escuchar palabras como éstas de parte de quienes pertenecen al pueblo de Jesús, pero por tantas circunstancias no le han conocido desde este lado de la cristiandad. Nos ayudan a entender nuestra fe como caminar hacia la meta de conocer a Jesús y ser como Él tanto como podamos, sabiendo que Él es el la puerta, el camino, la verdad y la vida que conduce al Padre, su Padre y Padre nuestro.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.