Nº 1545– 9 de Febrero de 2014

Publicado por CC Eben-Ezer en

Nuestra Teresa de Jesús (1515-1582) siempre destacó la presencia de nuestro Señor Jesucristo en su vida poniendo en práctica el caminar despacio. Nunca se apresuró en sus muchos viajes y desplazamientos. Para ella, aquella forma de vivir garantizaba su consciencia de la presencia divina en su ser, por cuanto cuando hacemos algo conscientemente, llegamos a ser conscientes de por qué y para qué lo hacemos. De lo contrario, esa consciencia nunca se dará. Y las Sagradas Escrituras son muy claras al respecto de los peligros de ir aprisa por la vida: Proverbios 19:2: “El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca.” Proverbios 21:5: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden hacia la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.” Isaías 28:16: “Por tanto, Yavé el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra aprobada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.”

Con nuestros pies a ras de suelo, pero con el corazón bien alto, hemos de reconocer que muy a menudo pasamos la vida corriendo, de casa al trabajo, del trabajo a casa, de paso por el supermercado, corriendo a llevar a los niños al colegio, de vuelta a recogerlos, siempre corriendo y siempre tarde, como dice el refrán. Por eso es que saber hacer pausas es un auténtico arte en el desarrollo y aprovechamiento del tiempo que Dios nos concede para el diario quehacer. Una pausa en el trabajo, en el estudio, en la labor que realicemos, no sólo no será nunca una pérdida de tiempo, sino que potenciará la eficacia y la eficiencia de nuestra labor cualesquiera sea. Sólo seremos conscientes de la presencia del Señor en nuestra vida en la medida en que actuemos sosegadamente.

Mañana, cuando salgamos al trabajo, al estudio o a cualquier actividad que nos corresponda, caminemos un poco más despacio (para eso hay que levantarse algo más temprano, y para eso hay que acostarse un poco antes); pisemos el acelerador unos milímetros menos; llegaremos a tiempo, más relajados, en un estado mental menos tenso, porque habremos sido conscientes de la presencia de Dios en el camino.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.