Nº 1549– 9 de Marzo de 2014

Publicado por CC Eben-Ezer en

Mientras el gran poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde (1854-1900) era conducido a la cárcel de Reading, por haber caído sobre él todo el odio y el resentimiento de la hipócrita sociedad victoriana, entre una multitud que ensoberbecida le insultaba y se burlaba, un viejo conocido que despojó de su sombrero y le hizo una reverencia. Wilde percibió este gesto y su corazón fue conmovido. Este fue el comentario que escribió unos días después:

“Hay hombres que han ido al Cielo por cosas menores que ese gesto. Fue en ese espíritu, y con ese modo de amor, como los santos se arrodillaron para lavar los pies de los empobrecidos, o se detuvieron para besar a los leprosos en la mejilla. Nunca le he comentado acerca de lo que hizo. Ni siquiera sé que él fuera consciente de que yo viera su acción. Fue algo sobre lo que uno no puede expresar gratitud con palabras formales. Lo guardo como una deuda secreta que me alegra saber nunca podré pagar. Cuando la sabiduría ha resultado infructífera, la filosofía yerma, y los proverbios y frases de consuelo se han vuelto polvo y ceniza en mi boca, el recuerdo de aquel pequeño acto silencioso de amor ha levantado todos los sellos de los pozos de la piedad, y me han sacado de la amargura del solitario exilio, para trasladarme al gran corazón herido y roto del mundo sufriente.”

No deberíamos infravalorar los pequeños actos amorosos que Dios pone delante de nosotros como oportunidades para ablandar los corazones y descubrir que hay carne dentro de la piedra.

Todos nosotros podemos ser como aquel hombre anónimo que al ver pasar a Oscar Wilde conducido a la cárcel entre una multitud emborrachada de mentira e hipocresía, se despojó del sombrero e hizo una reverencia ante su amigo.

Los actos de cariño y respeto plantados en la memoria de otros hombres y mujeres pueden ser los instrumentos que Dios use para sostener a algún alma en los muchos exilios de la vida.

Sólo engrandecen los pequeños actos amorosos de la vida.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.