Nº 1561– 1 de Junio de 2014

Publicado por CC Eben-Ezer en

Cada uno de nosotros tiene una misión en la vida. Sin embargo, rara vez nos percatamos de ello. Nos cuesta asumir que hemos sido enviados a cumplir las tareas que Dios nos ha encomendado.

Podemos estar tan ocupados haciendo nuestra voluntad o pensando que la vida sólo es un entretenimiento, que nos pase inadvertido lo que Dios nos dice y nos encomienda.

Frecuentemente, actuamos como si la vida tuviera por propósito distraernos y divertirnos hasta el fin, para no pensar.

Pero lo cierto es que hemos sido enviados al mundo por Dios, al igual que Jesús.

Nuestro Señor lo supo, lo aceptó, asumió sus consecuencias, y vivió en obediencia.

Por eso necesitamos aprender a pensar como Jesús. Una vez que lo hagamos, empezaremos a actuar como Él.

En esa ruta vamos a descubrir que Jesús no ha prometido quitar siempre nuestros dolores, confusiones e incluso desconciertos, sino entrar en esas realidades con nosotros y acompañarnos hasta cruzar al otro lado.

También vamos a descubrir que la felicidad no viene con firmar cheques, ni con fondos ni sin ellos. El dinero tiene su lugar en la vida. Para nosotros es trabajo acumulado. Pero si lo sacamos de lugar y le damos un valor omnipresente, omnipotente y omnisciente, lo habremos deificado hasta convertirlo en el dios “Mamón”, la deidad pagana de la riqueza.

Pensar que la firma y el cobro de los cheques es el todo en la vida puede hacer fácilmente que nos olvidemos de Dios y de nuestro prójimo.

¿Conocemos la misión en la vida que Dios nos ha encargado?

Siguiendo a Jesús de Nazaret no es difícil descubrirla.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.