Nº 1.627 – 6 de Septiembre de 2015

Publicado por CC Eben-Ezer en

Dice el refrán que “dos no regañan, si uno no quiere.” Me encanta la versión inglesa del mismo, que dice así: “It takes two to tango”, es decir, “hacen falta dos para bailar el tango”. Es una verdad perogrullera, pero ciertísima.

Cuando esto no se pone en práctica, se vive mal, en lugar de hacerlo pacífica y felizmente.

Cuando otros no estén satisfechos con tu forma de vida, y crean que debes conectar tu ordenador al suyo, tratarán consciente o inconscientemente de transmitirte su frustración, su ira y su amargura.

No dudes en no abrir sus correos. Te llegarán contaminados con materia tóxica. Es duro reconocerlo, pero hay gente tóxica, lenguaje tóxico, relaciones tóxicas. ¿Qué vamos a hacer? Bendecirlos, pero mantenernos alejados de la toxicidad.

Nuestro Señor Jesucristo prefería la compañía de los publicanos a la de los religiosos, fariseos y saduceos, los “decentes de toda la vida”. Por algo sería.

Al fin y al cabo, no fueron los publicanos ni las rameras quienes llevaron al Buen Jesús al patíbulo. Fueron los sacerdotes, escribas, fariseos, saduceos, y toda la casta de los que se creían “enchufados” con Dios.

Hoy también los hay, bajo distintos nombres y etiquetas. Cambia la nomenclatura, pero nada más. Cambian los ropajes y los pelajes, pero no los corazones. Cambian los elementos exteriores, pero no el interior.

La advertencia bíblica es muy clara al respecto: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”

Sólo después de habernos liberado de la toxicidad y del deseo neurótico de contaminar nuestro “ordenador”, podremos sentirnos libres de las emociones negativas que querían transmitirnos.

Observa detenidamente estas cosas y sigue las pisadas del Maestro.

Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.