Nº 1605– 5 de Abril de 2015

Publicado por CC Eben-Ezer en

Millones creen equivocadamente que aceptar una enseñanza es lo mismo que aprenderla.

Sin embargo, el proceso del aprendizaje no es completo hasta el momento en que la enseñanza es puesta en la práctica.

Aquella enseñanzas que sólo quedan en nuestra mente, pero jamás las ponemos en práctica, son enseñanzas que consciente o inconscientemente rechazamos, aunque no lo sepamos ni lo confesemos.

Cuando reconocemos esta realidad negativa, pero no por eso menos real, y la asumimos, nos honramos a nosotros mismos, y el resultado es que muchos sentimientos y emociones adversas nos abandonan, y podemos respirar mejor y más hondo.

Esta práctica nos pone en contacto igualmente con muchos otros compañeros del viaje de la vida que también experimentan la frustración de no ser capaces de hacer descender las enseñanzas de la mente al corazón.

Descubrir que millones sienten como nosotros no es el método curativo de esta enfermedad. Sería aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero sí es un principio fundamental para no sentirnos solos, ni mucho menos únicos ni especiales.

El método consiste en asumir nuestra realidad, sentir la mayor perspectiva que el Santo Espíritu de Dios abre ante nuestros ojos, y rendirnos a la evidencia de quiénes somos y hacia dónde encaminamos nuestros pasos.

Vamos a sentir el descenso de las palabras de Cristo Jesús de nuestra mente a nuestro corazón.

En ese descenso vamos a experimentar una recepción de salud indescriptible.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.