Nº 1623 – 9 de Agosto de 2015

Publicado por CC Eben-Ezer en

Jesús nos ha dicho que si no nos volvemos como niños, no podremos acceder al Reino de Dios.

Por eso es que hace ya años comprendí que el camino del estudio teológico desde los planteamientos en que lo había acometido no eran una senda segura para recuperar la inocencia perdida.

Nunca logre leer un trabajo de un teólogo en el que diera la razón y concordara con otro teólogo. Comprendí que para pasar de estudiante de teología a ser teólogo, o lo que se espera que un teólogo sea, era menester entrar en polémica con otros pensadores. En definitiva, competir y establecer comparaciones con los demás.

No he encontrado semejante actitud en Jesús de Nazaret en los Evangelios. Nunca vemos a Jesús canjear su sencillez por la ambición de ser como los sumos sacerdotes o el clero alto del Templo de Jerusalem.

Si somos observadores nos percataremos de que la causa por la que los niños son capaces de preservar su inocencia y vivir en la felicidad del Reino es porque no se han dejado absorber por ese ámbito de oscuridad y olor fétido que es el mundo, no la Creación, sino el sistema mundial de explotación a espaldas de Dios.

Ese mundo es esa región de oscuridad y muerte en la que los adultos no viven, sino se autodestruyen comparándose y compitiendo neuróticamente, afanándose por conseguir algo más que el vecino, frecuentemente a cualquier coste, llegando incluso a destruir a su prójimo.

Cuando descubrimos estas cosas constatamos que convivimos con muchos para quienes todo está bien, porque a ellos no les ha ido demasiado mal, o porque todavía aspiran a ser más que otros. Menean la cabeza y hacen gestos a nuestra espalda. A nosotros no nos molesta, porque más que ninguna otra cosa, no querríamos sino volver al reino de la inocencia.

Mucho amor.

Joaquín Yebra,  pastor.