Nº 1.650 – 14 de Febrero de 2016

Publicado por CC Eben-Ezer en

El filósofo Séneca afirmaba que la mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

El poeta romano Horacio fue quien acuñó la locución “Carpe diem”, que literalmente significa “toma el día”, “aprovecha el momento”, en el sentido de no malgastarlo. Así nos ha llegado en su obra “Odas” 1, 11:

“Carpe diem, Quam minimum credula postero”, es decir, “toma el día, no confíes en el mañana”. En nuestra cultura castellana nos ha llegado en la forma de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

La comprensión de esta locución latina ha ido cambiando en el curso de nuestra historia occidental. A veces fue entendida como “no dejar pasar el tiempo que se nos ha brindado, sino emplearlo para hacer cosas productivas y disfrutar de los placeres de la vida”.

Durante la Edad Mediaera entendido en clave muy pesimista como “vive el momento porque vas a morir pronto”. Este adagio adquirió especial importancia en el Renacimiento (siglos XV y XVI), en el Barroco (siglos XVII y XVIII) y en el Romanticismo (finales del XVIII hasta primera mitad del XIX).

Durante el Renacimiento, los ideales de belleza y perfección hicieron que adquiriera el matiz de “vive el momento porque pronto vas a envejecer”. En el Barroco volvió a su interpretación medieval, y en el Romanticismo adquirió matices poéticos referidos a la brevedad de la vida del hombre.

La Sagrada Escrituraafirma lo efímero de la existencia humana, la importancia de aprovechar el tiempo que se nos otorga, y la oportunidad de vivir no sólo la juventud, sino todas las etapas de la vida del hombre. Perola Bibliaaporta un sentido y valor de la existencia que debe superar todas las demás interpretaciones. Se halla en el libro de Eclesiastés, curiosamente poco considerado por muchos cristianos:

Eclesiastés 12:13: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”

¡Carpe Diem! Mucho amor.  Joaquín Yebra,  pastor.