Nº 1.911 – 14 de Febrero de 2021

“Pero yo estoy como olivo verde en la casa de Dios” (Salmo 52:8)

Últimamente pienso mucho en los árboles y me recreo en su contemplación.  Cuando vivimos en una gran ciudad como Madrid, son los árboles la expresión del campo que tenemos más a mano.  Hay innumerables textos en la Biblia donde se nos compara a los humanos con ellos.  Es importante saber dónde estamos plantados, afianzados realmente.  Hemos visto quebrarse las ramas de bastantes árboles por el peso de la nieve.  Nos dicen que no están acostumbrados y por eso han cedido.  También los hemos visto caer enteros por esa misma nieve o por el viento.  La tierra estaba tan húmeda y blanda que los torcidos o inclinados no han podido resistir.  Sus raíces no han sido suficientes y árboles centenarios han sucumbido.  Sólo han quedado para leña.  Ya no darán sombra en verano ni acogerán a los pájaros.  Dice la Palabra del Señor: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12)

Es muy peligroso torcerse o inclinarse dejando las buenas costumbres como congregarse, orar juntos, recibir la Palabra y buscar al Señor unidos como miembros los unos de los otros.  La prueba va a venir, la tentación va a ser dura, y si no estamos bien firmes y derechos, todos sin excepción podemos caer estrepitosamente y llevarnos por delante a otros.  Los juicios de Dios que se aproximan a este mundo van a ser más fuertes y sólo los fundados ciertamente en Cristo y Sus enseñanzas, se mantendrán impasibles e indemnes después de la tormenta.  Es necesario que así ocurra para que muchos entren aún en el reino de Dios a través del arrepentimiento y la fe.  Con todo, también habrá muchos que no quieran despertar ni arrepentirse de sus maldades.  Como dijo Jesús: “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15:13)

Estamos asistiendo a una gran poda.  Se acabó el tiempo de aparentar o de burlarse del Señor.  Ojalá que todos podamos decir como David que estamos como olivos verdes plantados en los atrios del Señor. “Y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová para gloria suya” (Isaías 61:3)

Pastor, Antonio Martín Salado