Nº 1.932 – 11 de Julio de 2021

El verano es tiempo de mar.  El calor invita a retirarse a la montaña donde refresca o a buscar la playa para sumergirse entre sus ondas.  Pero el mar también es una tumba para muchas personas que emigran buscando una vida digna.  Jesús caminó sobre las aguas y Pedro también lo hizo mientras tuvo la mirada puesta en su amigo y Señor.  Los océanos y mares son un símbolo de la separación entre los pueblos de la Tierra.  Porque, aunque sean fronteras naturales, no debieran ser vigiladas para impedir que las personas se muevan con libertad por este mundo.  Lo que realmente separa no son las aguas sino la falta de justicia, de igualdad y de misericordia.  El Señor castigará a las naciones que lejos de acoger, permiten que las personas se ahoguen en el mar.  Jesús, al caminar sobre el Mar de Galilea, nos quería enseñar que en ÉL se derriban todas las fronteras humanas y se superan todas las que impone la orografía.  Cuando Cristo venga y haga una Tierra renovada, ya no habrá ningún muro de separación y enfrentamiento entre los hombres. Hasta entonces, cuando subas una montaña, cruces un río por un puente o nades en el mar, acuérdate que estás aquí para dar a conocer al Maestro que sigue queriendo enseñarnos que somos todos sin excepción, una gran familia y que, si nos dejamos gobernar por ÉL que es AMOR, actuaremos con misericordia y justicia ante tanta injustica según sean nuestras fuerzas y recursos.  Feliz verano y mucha misericordia gratuita para todos. ¡Venga Tu reino!

Pastor Antonio Martín Salado