Nº 1.954 – 12 de Diciembre de 2021

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“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”  (Efesios 5:14)

El apóstol Pablo está citando (muy posiblemente) una estrofa de un himno cristiano de su época que nos recuerda varios pasajes del libro del profeta Isaías:

“Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán.  ¡Despertad y cantad moradores del polvo!  Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos.”  (Isaías 26:19)

“Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano del Señor el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos.”  (Isaías 51:17)

“Despierta, despierta. Vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa.”  (Isaías 52:1)

“Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti.”  (Isaías 60:1)

¡Despierta!   ¡Despierta, pueblo mío!  (dice el Señor).  Esto es porque todavía hay muchos “cristianos” que caminan dormidos.  Son como sonámbulos espirituales y es necesario que despierten del todo.  Mientras permanecemos dormidos, vivimos ajenos a la vida de Dios y es la vieja naturaleza la que se manifiesta con fornicación, impureza, avaricia, palabras deshonestas, tonterías, groserías, inmundicia e idolatría.  Cosas por las cuales, la ira de Dios viene sobres estos hijos o hijas desobedientes.

La Luz de Cristo:  El Espíritu Santo viene precisamente sobre nosotros para amonestarnos sobre estas actitudes y comportamientos, revelándonos claramente su extrema gravedad.  Así nos otorga el Espíritu una especie de “baño de realidad” y todas nuestras miserias quedan al descubierto porque por la Luz del Señor, son manifiestas.  Es ahí donde despertamos y donde es posible el auténtico arrepentimiento.  Entonces deseamos la limpieza más profunda para que venga el fruto en nosotros:  Toda bondad, toda justicia y toda verdad porque somos hechos luz en el Señor y caminamos como hijos de luz.  Salgamos de las tinieblas y pongámonos siempre bajo la luz de Cristo. 

Pastor Antonio Martín Salado.