Nº 1.955 – 19 de Diciembre de 2021

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En menos de una semana ya estaremos otra vez en Navidad.  El tiempo parece volar aún en esta época de pandemia y de incertidumbre que todos desearíamos que se terminara. Aunque haya inseguridad en el mundo frente a los acontecimientos presentes y futuros, los cristianos estamos asegurados en el Señor, nuestro Refugio y Protector.  Aquel niño que nació en Belén vino para salvar a los pecadores.  Así que pase lo que pase, vivimos confiadamente esperando el retorno de nuestro Salvador.  Lo que debería preocuparnos a los cristianos no son tanto los cataclismos en los que ya estamos inmersos, sino que nuestro amor se enfríe.  Eso sí que nos tiene que mantener en guardia.  El amor no se nos puede diluir ni desnaturalizar.  El amor que el Señor derrama en nuestros corazones por la Bendita Persona del Espíritu Santo, debe ser cuidado y compartido siempre a manos llenas:  Amando siempre más, aunque seamos cada vez amados menos.  Sólo nos identificarán como discípulos de Jesús si tenemos amor los unos por los otros.  Este amor de Dios comienza en el núcleo familiar y se extiende a la Comunidad y a toda persona con la que tenemos trato.  Si no se da el amor en el hogar, no se dará en la Iglesia, ni tampoco en la sociedad de la que formamos parte.  Mi oración para el año 2022 que está a las puertas, si Dios nos lo concede, es que crezcamos en amor.  No que el amor disminuya, sino que aumente.  Sólo la fe auténtica vencerá en este mundo cada vez más complejo.  Y la fe auténtica es la fe de Jesús, fe llena de amor porque Dios es Amor.  Estemos dispuestos a “perder” por amor.  Seguimos a Uno que pareció perder en la cruz, pero no fue así.  Allí entregó Su vida por ti, ocupó tu lugar para reconciliarte con tu Creador.  Y fue resucitado al tercer día.  Vive para siempre y volverá pronto a buscarnos.  Esa es la auténtica fe navideña.  ¡Feliz Navidad 2021! 

Pastor Antonio Martín Salado